Amaya Mendikoetxea, la rectora en el centro de la tormenta: su decisión de permitir que el PSOE y Pedro Sánchez utilicen el logo de la UAM ha abierto una grieta sin precedentes entre universidad y política. ¿Quién es realmente esta figura académica cuya firma ha desatado acusaciones de instrumentalización institucional, ruptura de neutralidad y uso simbólico del prestigio universitario con fines partidistas?|TH

La bilbaína de 62 años que dirige la Universidad Autónoma de Madrid, sobrina del periodista Antonio Pelayo, fue reelegida sin mayoría absoluta tras una votación fallida y se encuentra en plena tormenta por el uso del logo de la UAM en el informe que niega la financiación irregular del PSOE

Campus UAM, Pedro Sánchez y Amaya Mendikoetxea –
Montaje

El informe del PSOE de Pedro Sánchez que pretendía cerrar la polémica sobre una presunta financiación irregular del partido acabó abriendo otra distinta. El documento, difundido públicamente y utilizado como argumento político, apareció con el logo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), una institución pública que, al menos en apariencia, quedaba asociada al relato del Gobierno. La pregunta es tan simple como explosiva: Quién permitió que el nombre y los símbolos de la UAM se usaran en un informe partidista.

A día de hoy no hay una explicación clara. Ni autorización confirmada ni desmentido tajante. En ese vacío institucional emerge la figura de Amaya Mendikoetxea, rectora de la UAM, responsable última de velar por la neutralidad, los procedimientos y el uso correcto de la imagen de la universidad. La polémica la alcanza en un momento especialmente delicado: Tras superar una crisis electoral interna sin precedentes y con una comunidad universitaria todavía dividida. El caso del informe del PSOE no es un episodio menor, sino una prueba de estrés para su liderazgo y para los límites entre universidad pública y poder político.

Una carrera académica diseñada para la discreción

Nacida en Bilbao en 1962, Amaya Mendikoetxea responde al perfil clásico de la académica de carrera larga y ascenso interno.

Filóloga inglesa, construyó su trayectoria dentro de la Universidad Autónoma de Madrid, donde se incorporó como docente a comienzos de los años noventa tras completar su formación de posgrado en Lingüística Teórica en el Reino Unido.

Investigación, docencia y gestión han sido los tres pilares de un currículum sin saltos bruscos ni incursiones externas.

Amaya Mendikoetxea
UAM

Antes de llegar al Rectorado, ocupó cargos que la situaron en el corazón del engranaje universitario: Dirección de departamento, responsabilidades académicas y, especialmente, el vicerrectorado de Relaciones Internacionales.

Esa etapa consolidó su imagen como gestora técnica, conocedora de los procedimientos y poco dada a los titulares.

No es una figura mediática ni una rectora de discurso inflamado. Su estilo ha sido siempre el del expediente, el informe y la decisión respaldada por norma.

En el plano personal, esta casada y con dos hijos que se mantienen en la discreción, aunque procede de un entorno familiarizado con las instituciones y la exposición pública, ya que es sobrina del corresponsal de Antena 3 en el vaticano Antonio Pelayo, un dato revelador de una cultura de discreción y respeto por los códigos formales del poder.

Todo en su trayectoria apuntaba a un liderazgo silencioso, eficaz y poco conflictivo.

Hasta que la política universitaria y la política a secas comenzaron a cruzarse.

Del consenso al desgaste: Elecciones, voto en blanco y crisis interna

Amaya Mendikoetxea fue elegida rectora en 2021 sin grandes sobresaltos.

Su candidatura representaba continuidad y estabilidad en un momento complejo para las universidades públicas, marcadas por los problemas de financiación y la tensión con las administraciones.

Durante los primeros años de mandato, su gestión transcurrió sin grandes escándalos externos, pero con un desgaste interno progresivo.

Ese desgaste se hizo visible en abril de 2025. Mendikoetxea se presentó a la reelección como única candidata y no logró el respaldo suficiente: No alcanzó el 50 % del voto ponderado necesario.

El voto en blanco, más que una alternativa organizada, se convirtió en un mensaje colectivo de desafección.

La UAM entró entonces en un escenario inédito, descrito incluso como un “limbo legal”, con una rectora en funciones y una universidad sin liderazgo plenamente refrendado.

Amaya Mendikoetxea, rectora de la Universidad Autónoma de Madrid.
UAM

La situación obligó a convocar nuevas elecciones.

Esta vez apareció un rival y la campaña adquirió un tono más político de lo habitual en el ámbito universitario. El 2 de junio de 2025, Mendikoetxea ganó la votación con el 58,7 % de los votos y revalidó el cargo.

Cerró la crisis desde el punto de vista formal, pero el episodio dejó huella: La autoridad institucional quedaba restablecida, no así la unanimidad interna.

Ese contexto es clave para entender todo lo que vino después. Una rectora que sale reforzada en los estatutos, pero más vigilada en lo político, afronta cualquier controversia externa con un margen mucho más estrecho.

Logos, silencios y la pregunta de la responsabilidad

La polémica que hoy rodea a la UAM nace del uso de su nombre y su logotipo en el informe que auditaba y pretendía afirmar la limpieza en las cuentas del PSOE de Pedro Sánchez, que ha sido difundido públicamente.

La presencia de esos símbolos tanto en el informe como en su exposición en RTVE, generó la apariencia de un aval institucional que, según los propios estatutos universitarios, está sometido a controles específicos.

Hasta ahora, no consta una explicación clara por parte del Rectorado sobre si existió autorización expresa, si se trató de un uso indebido o si fallaron los mecanismos de supervisión, como ya contamos en elcierredigital.com.

Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno, junto al informe de los catedráticos de la UAM.
Montaje propio

De momento no se sabe con certeza si los hechos podrían incurrir en presuntos delitos con consecuencias penales, como ya aseguraron los expertos consultados por este periódico.

Pero sí hay una cuestión de responsabilidad institucional, especialmente sensible en una universidad pública.

El Rectorado es el órgano encargado de velar por el uso correcto de los símbolos oficiales y por la separación entre la actividad privada del profesorado y la imagen corporativa de la institución.

En este punto, el estilo Mendikoetxea vuelve a marcar la respuesta: Silencio, formalismo y ausencia de exposición personal.

No ha habido comparecencia pública ni explicación directa de la rectora. La universidad, como institución, ha optado por no alimentar el debate.

Es una estrategia coherente con su trayectoria aunque no con su responsabilidad como ente público, y, en este caso tiene un coste reputacional y de credibilidad.

El análisis deja tres escenarios abiertos. Que el uso del logo estuviera autorizado y no se haya explicado adecuadamente.

Que se produjera sin autorización, evidenciando un fallo de control.

O que la gestión se delegara y nadie asumiera después la responsabilidad política de aclararlo.

Ninguno de ellos implica un presunto delito por sí mismo para la rectora, pero todos afectan a la credibilidad institucional de la institución.

La paradoja es evidente. Amaya Mendikoetxea llegó al Rectorado con la promesa implícita de neutralidad y rigor administrativo.

Hoy, esa neutralidad se examina precisamente a través de lo que no se ha dicho.

En una universidad donde los símbolos pesan tanto como las palabras, el silencio no es neutro: También comunica.

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