El político cántabro ha acudido al programa presentado por Pablo Motos, donde ha contado cómo afronta la muerte, uno de los temas más delicados para todos

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Una vez más, Miguel Ángel Revilla (83 años) ha querido soplar las velas y celebrar su cumpleaños en ‘El Hormiguero’, al lado de Pablo Motos, que parece estar encantado con esta especie de tradición que ha creado junto al político cántabro.
Este, que ha estado en boca de todos tras ser demandado por el rey Juan Carlos I, regresó anoche a este espacio de Antena 3, teniendo a su mujer, Aurora Díaz, en el público, muy atenta a todo lo que dijo.
Este contó todo tipo de anécdotas sobre su vida, poniéndose serio al hablar de temas que le tocan muy de cerca como la muerte, uno que tiene más presente de lo que pensábamos.
Revilla y la muerte
Como siempre, Miguel Ángel se mostró muy natural a la hora de hablar de su vida, comenzando con un pequeño “susto” que tuvo hace apenas unos días: “Me fui a hacerme unos análisis normales y me llamó el médico para decirme que tenía dos proteínas disparadas, cosas que no me había pasado nunca”, reveló Miguel Ángel.
“Me mandaron a hematología y me han hecho un montón de pruebas.
En principio no parece que sea malo, pero a esta edad todos los días te despiertas y te duele algo”, explicó el invitado.
Tras esta confesión respecto a su estado de salud, el presentador quiso saber si, ahora que Revilla ha cumplido 83 años, piensa en la muerte, algo que este respondió sin medias tintas ni pensárselo mucho: “Claro, es inevitable y hay que estar preparado”, dijo, tajante.
“Yo lo único que pido es la eutanasia si llega un momento en el que tengo algo que no tenga solución y tenga que vivir enganchado a una máquina.
Lo único que me da miedo es eso o tener una muerte dolorosa, pero estoy contento porque, para mí, era importante dejar una huella antes de irme en los míos”, añadió, siendo un deseo que parece haber cumplido y con lo que se siente totalmente en paz.
“Yo sé que la inmensa mayoría de los españoles les dirán: ‘Tú padre fue un tío honesto, que hizo en esta vida lo que pudo para favorecer a los demás. Eso es dejar huella y, sobre todo, que mis hijos y mi nieto se sientan orgullosos de que han tenido un padre, un abuelo, que no fue un cabrón”, concluye.
Cuando Revilla estuvo cerca de la muerte
Tras hablar de este delicado tema, Motos quiso que el político le contase ese momento en el que, en los años ochenta, estuvo cerca de fallecer en un accidente.
Este capítulo de su vida no es tan conocido y anoche Revilla se abrió y lo contó con pelos y señales.
“El 6 de diciembre de 1983 vine a Madrid a una comida con el entonces alcalde.
En aquella época solo había dos vuelos diarios de Cantabria a Madrid y saqué los billetes”, comienza relatando.
Este también contó como en los años 80 casi coge un avión que acabó estrellándose.
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“La comida, por ciertos motivos, acabó antes de lo previsto, e intenté cambiar el billete de vuelta para adelantarlo.
Fui al aeropuerto y me dijeron que no había billetes disponibles, que el vuelo iba lleno.
En ese momento apareció, con unos palos de golf, Severiano Ballesteros, que no me conocía de nada, y preguntó lo mismo”, continuó explicando en el plató.
“El vuelo del día posterior, para el que yo tenía el billete, acabó estrellándose contra otro vuelo por la mala visibilidad, y la totalidad de los pasajeros de avión fallecieron”.
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“Como él era tan conocido, le dijeron que le hacían un hueco en la cabina.
Seve dijo que él no volaba si no me metían también a mí.
Y así lo hicieron, volé en el asiento de las azafatas por Seve Ballesteros y, gracias a eso, salvé la vida.
El vuelo del día posterior, para el que yo tenía el billete, acabó estrellándose contra otro vuelo por la mala visibilidad, y la totalidad de los pasajeros de avión fallecieron”, terminó contando.
El gran dolor de Revilla
Motos quiso saber qué le duele a Revilla, que tenía clara la respuesta, y es que “sobre todo el alma, de ver lo que está pasando en el mundo”, aseveró, afligido.
“Estoy sobrepasado de ver al matón de Donald Trump, que es el dueño del país más poderoso del mundo y con armas.
Espero que se lo carguen democráticamente, pero que se lo carguen. Me recuerda a los matones de la II Guerra Mundial que iban a por los judíos.
Solo espero que los republicanos pierdan la mayoría absoluta en el Congreso y puedan deshabilitarle”.
El Ocaso de un Guerrero de la Palabra
Miguel Ángel Revilla no es solo un político; es, para muchos, el abuelo de una nación que ha aprendido a escuchar sus verdades sin filtros.
Su reciente aparición en El Hormiguero no fue una visita más para promocionar un libro o comentar la actualidad.
Fue, en esencia, una clase magistral sobre la vulnerabilidad humana. Al hablar de la muerte, Revilla no lo hizo desde el pedestal del poder, sino desde la fragilidad de un hombre que, a sus 81 años, empieza a mirar de reojo el final del camino.
“Me da miedo tener una muerte dolorosa”, confesó ante una audiencia silenciosa.
Sus palabras resonaron con una honestidad brutal que descolocó la ligereza habitual del prime time.

En un mundo que rinde culto a la eterna juventud y oculta el final de la vida bajo alfombras de indiferencia, Revilla decidió ponerle nombre y apellido a su mayor temor.
Pero su discurso no fue una elegía a la tristeza, sino un canto a la paz de quien sabe que ha cumplido con su misión.
La Huella en los Míos: El Verdadero Patrimonio
La clave de la reflexión de Revilla no reside en el miedo, sino en la satisfacción.
“Estoy contento porque para mí era importante dejar una huella en los míos”, afirmó con una serenidad que solo otorga la experiencia.
Para el expresidente cántabro, el legado no se mide en kilómetros de carretera construidos o en victorias electorales, sino en la memoria afectiva de quienes lo rodean.
Esta declaración es un dardo directo a la ambición desmedida que a menudo consume la política.
Revilla ha entendido que, al final del día, cuando las luces de los platós se apagan y los aplausos se desvanecen, lo único que permanece es la integridad de los actos y el amor de la familia. Es un recordatorio de que la huella más profunda no se deja en el cemento, sino en el corazón de las personas.
El Espejo de una Generación que no se Rinde
La intervención de Revilla ha generado una ola de empatía en las redes sociales, convirtiéndose en tendencia por su capacidad de conectar con los miedos más primordiales del ser humano.
Al mostrar su temor al dolor físico, se humanizó ante millones de personas, rompiendo esa barrera de invulnerabilidad que los líderes suelen proyectar.
El impacto de sus palabras radica en su universalidad.
Todos compartimos ese miedo al tránsito final, pero pocos tienen la valentía de verbalizarlo con tal naturalidad.
Revilla, el hombre que ha recorrido cada pueblo de su tierra, ahora recorre el mapa de sus sentimientos más íntimos, invitando a la audiencia a reflexionar sobre qué es lo que realmente importa cuando el tiempo se agota.
Conclusión: La Inmortalidad de los Honestos
Miguel Ángel Revilla dejó claro que no busca la inmortalidad en los libros de historia, sino en las anécdotas compartidas alrededor de una mesa por sus seres queridos.
Su “miedo” es solo el reconocimiento de su humanidad, pero su “satisfacción” es el sello de una vida vivida con propósito.
Al final, dejar una huella limpia es el mayor éxito al que cualquier individuo, poderoso o anónimo, puede aspirar.