Sonsoles Ónega ha construido su carrera enfrentando la presión mediática desde su infancia

Sonsoles Ónega no llegó a este mundo en una cuna de oro, sino en un entorno donde los titulares de prensa eran el pan de cada día.
Nacida en Madrid el 30 de noviembre de 1977, su vida ha estado marcada por la presión mediática y la búsqueda constante de la autenticidad.
“El silencio nunca fue una opción”, recuerda, y desde pequeña, el peso de su apellido, como hija de Fernando Ónega, la acompañó en cada paso.
“Imagínate lo que es crecer sabiendo que tu padre es el hombre que susurra al oído del presidente”, comparte Sonsoles, reflexionando sobre su infancia llena de conversaciones sobre política y poder.
Sin embargo, la imagen de familia perfecta se desmoronó cuando sus padres decidieron divorciarse, un escándalo en una España que aún olía a naftalina.
“Me sentía rara, una excepción dolorosa en un mundo de familias de postal”, confiesa, recordando la soledad que sintió al ser la única niña de su clase cuyos padres no vivían juntos.
Esa experiencia la unió a su hermana Cristina, formando un “ejército de dos” en medio del caos familiar.
“No quería ser solo la hija de”, dice Sonsoles, y su necesidad de demostrar su valía la llevó a estudiar periodismo en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
“Cada éxito era cuestionado; siempre estaba el murmullo a mis espaldas”, añade, describiendo la presión que la impulsó a trabajar incansablemente.
A finales de los años 90, su carrera dio un giro inesperado al unirse a CNM Plus, donde conoció a Leticia Ortiz, quien más tarde se convertiría en la reina de España.
“Éramos dos jóvenes brillantes, compartiendo sueños y miedos”, recuerda.
Pero con el tiempo, la amistad se complicó, especialmente cuando Sonsoles se convirtió en la confidente de Leticia durante su romance con el príncipe Felipe.
“Era un incendio absoluto; mi papel era protegerla de la prensa”, dice, reconociendo la carga que esto representaba.
El 12 de julio de 2008, Sonsoles se casó con Carlos Pardo Sanz en un evento que reunió a lo más granado de la sociedad española, incluyendo a los entonces príncipes de Asturias.
“No iba a ser una novia convencional”, afirma, recordando su vestido de gasa que rompía con la tradición.
Sin embargo, la pérdida de su vestido de novia poco después del enlace se convirtió en un mal presagio.
“Sentía que si el vestido se había perdido, mi matrimonio también estaba destinado a extraviarse”, confiesa, presagiando la tormenta que se avecinaba.
La llegada de sus hijos, Yago y Gonzalo, trajo consigo una nueva serie de desafíos.
En 2016, Gonzalo fue diagnosticado con diabetes tipo 1, un momento que transformó su vida.
“El diagnóstico fue un desgarro emocional”, recuerda Sonsoles, quien se sintió culpable por no haber detectado antes los síntomas.
“Ver a mi hijo en estado crítico me hundió en un mundo de tinieblas”, añade, describiendo cómo la enfermedad cambió su perspectiva y la llevó a una obsesión por la alimentación.

La presión de ser madre y profesional comenzó a desgastar su matrimonio.
“Carlos era un buen hombre, pero no compartía mi intensidad”, dice, reflejando la desconexión que se fue gestando entre ellos.
En agosto de 2019, mientras cortaba un limón, tuvo una revelación: “Estaba viviendo una mentira”.
La separación fue un proceso silencioso, marcado por la necesidad de proteger a sus hijos y su imagen pública.
“Me sentía una fracasada por no haber mantenido la estructura familiar, pero al mismo tiempo, había una liberación”, confiesa.
En medio de esta soledad, su trabajo en “Ya es mediodía” se convirtió en su refugio.
“Me hice imprescindible para la cadena”, dice con orgullo, pero su éxito también trajo consigo un escándalo inesperado.
En julio de 2022, Sonsoles tomó una decisión que dejó a todos boquiabiertos: abandonó Telecinco para unirse a Antena 3.
“Fue una traición rápida y letal”, admite, recordando la conmoción que causó su salida.
“No hubo despedidas elegantes; simplemente me fui”, dice, consciente de que había ganado enemigos en la industria.

A pesar de su nuevo comienzo, las sombras del pasado la persiguieron.
En noviembre de 2023, un micrófono abierto reveló su lado más humano, mostrando que detrás de la presentadora perfecta había una mujer vulnerable.
“Déjame vivir, así no puedo trabajar”, gritó en pleno directo, un momento que puso en duda su integridad profesional.
La concesión del Premio Planeta en 2023 por su novela “Las Hijas de la criada” provocó una ola de críticas.
“Me acusaron de vender mi prestigio por un cheque millonario”, dice, reconociendo la presión que esto le generó.
Sin embargo, detrás de su ambición hay una realidad preocupante: padece una malformación genética en el corazón que la sitúa en riesgo constante.
“Vivo con el miedo de que mi corazón se detenga”, confiesa, reflejando la ansiedad que la acompaña.
En el amor, parece haber encontrado un puerto seguro con Juan Montes, un inversor financiero que acepta su complejidad.
“Hemos decidido vivir un amor de agendas, sin presiones”, dice, permitiéndose ser vulnerable por primera vez.
La historia de Sonsoles Ónega es un recordatorio de que, aunque brille en la pantalla, detrás de cada éxito hay batallas invisibles.
“Todos luchamos batallas que los demás no ven”, concluye, dejando claro que su vida es un viaje de resiliencia y superación constante.
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